Exmilitares colombianos en el extranjero

Reclutamiento de mercenarios colombianos: cuando el engaño se disfraza de oportunidad laboral

10.000 colombianos peleando en guerras que no les pertenecen. Reclutados mediante miedo y engaños, así se convierten en mercenarios del mundo, combatientes de guerras ajenas.

¿Por qué? ¿Qué los lleva a aceptar? Un par de dólares, la necesidad de sobrevivir y mantener a sus familias. Las escasas oportunidades laborales, la limitada protección social y la esperanza de ganarle a la pobreza. Según el Grupo de Expertos de la ONU, estas son las principales razones que empujan a los colombianos hacia el reclutamiento mercenario.

¿Cómo los reclutan? Si bien el uso de redes sociales como canal de reclutamiento puede no sorprender en un mundo hiperconectado, lo que sí resulta alarmante es que detrás de estas operaciones se encuentren estructuras aparentemente legítimas: empresas de seguridad privada, agencias de viajes y agencias de contratación que prestan su fachada para facilitar este tipo de engaños.

La verdadera sorpresa llega cuando pisan suelo extranjero. Michelle Small, presidenta del Grupo de Trabajo de la ONU, advirtió que a muchos colombianos se les ofrecen contratos poco claros o en idiomas que no comprenden, en los que no se especifican las funciones reales. Lo que en principio parecía una oportunidad, se convierte en una ola de mentiras, dolor y vulneración de derechos humanos.

Una vez en el país de destino, estas personas se chocan con una realidad muy distinta a la prometida. Su libertad de movimiento puede verse restringida, las funciones que deben cumplir poco o nada tienen que ver con lo acordado, y en los casos más graves, simplemente no pueden regresar.

¿Quiénes son estos colombianos?

Según el senador Ariel Ávila, del Partido Alianza Verde y exsubdirector de la fundación Paz y Reconciliación, la última ola de mercenarios colombianos está conformada en su mayoría por exmilitares. No se trata de personas sin formación ni experiencia: son soldados que sirvieron a la patria durante 20 años, altamente entrenados en combate, lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, reconocidos internacionalmente por su capacidad operativa. Sin embargo, al momento de pensionarse, reciben menos de 400 dólares mensuales. Una cifra que no alcanza para sostener una familia, y que contrasta brutalmente con los 2.000 a 6.000 dólares mensuales que les prometen los reclutadores.

La realidad es dolorosa: Colombia formó soldados de élite durante décadas, pero no les ofreció las condiciones para reintegrarse dignamente a la vida civil. Ese vacío es exactamente el que explotan quienes los reclutan.

¿Qué pasa con los colombianos caídos en combate?

Cuando un mercenario colombiano muere en una guerra que no es la suya, ¿Quién responde? ¿Sus restos son repatriados? ¿Su familia recibe algún tipo de reconocimiento?

El académico Juan Carlos Portilla lo resume con contundencia: un gobierno que respeta a sus ciudadanos debe hacer todos los esfuerzos para que no haya exportación de mercenarios y, si hay caídos en combate en guerras que no corresponden a Colombia, debe garantizar que sus cuerpos sean repatriados. Porque tienen el derecho a descansar en su patria y ser enterrados por sus familias. Es, ante todo, una cuestión de dignidad humana.

¿Qué está haciendo Colombia al respecto?

El gobierno colombiano presentó en agosto de 2024 un proyecto de ley para aprobar la Convención Internacional contra el Mercenarismo, lo que permitiría penalizar esta actividad en el país. El entonces ministro de Defensa, Pedro Sánchez, señaló que el proyecto se encontraba en su último debate y que paralelamente se estaba investigando a las empresas que facilitan la contratación de mercenarios.

Sin embargo, la aprobación de una ley, aunque necesaria, no es suficiente. El académico Portilla insiste en que el problema de fondo es estructural: Colombia necesita no solo penalizar el mercenarismo, sino generar las condiciones reales para que sus soldados puedan integrarse a la vida económica normal del país una vez terminado su servicio. Sin esa política de fondo, cualquier ley corre el riesgo de perseguir síntomas sin atacar la causa.

Una tragedia que exige respuestas:

Desde la perspectiva de la gestión de riesgos y el cumplimiento normativo, este fenómeno también representa una alerta para el sector empresarial. Las mismas redes que reclutan mercenarios a través de plataformas digitales y estructuras aparentemente legítimas son las que pueden infiltrarse en cadenas de contratación, procesos de vinculación laboral y operaciones comerciales sin que las empresas lo adviertan. La debida diligencia en el conocimiento de contrapartes y colaboradores no es un trámite: es una herramienta real de protección.

En Risks International acompañamos a las organizaciones en sus procesos de verificación de antecedentes, estudios de seguridad y gestión de riesgos, precisamente para que ninguna empresa se convierta, sin saberlo, en un eslabón de cadenas que vulneran derechos y financian conflictos.

Por: Luisa Caicedo

Fuentes:

https://www.dw.com/es/mercenarios-colombianos-por-el-mundo-una-tragedia-nacional/a-73685863

https://www.dw.com/es/onu-10000-colombianos-han-sido-reclutados-como-mercenarios/a-76573669

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